El planeta Tierra puede compararse con una gran maquina que sirve para transformar desechos, aparentemente inservibles en elementos básicos para la vida.
Los desperdicios que generamos los humanos, los residuos de plantas y animales que mueren y otros, son regularmente descompuestos por bacterias, hongos, insectos y lombrices que trabajan lento pero efectivamente produciendo la materia prima que enriquece los suelos, para que estos a su vez den origen a las plantas, que posteriormente sirven de alimento a los animales herbívoros, a otros árboles y al hombre. Este proceso que se viene repitiendo de forma natural desde el mismo inicio de la vida sobre la tierra y conservándose por miles de años lo que llamamos EQUILIBRIO ECOLÓGICO.
Cuando sobrepasamos esa capacidad del planeta para generar esa acción de limpieza y transformación ocurre lo que está aconteciendo cada vez más frecuentemente, el DESEQUILIBRIO ECOLÓGICO, y lo vemos por ejemplo en nuestras tierras de la República Dominicana, con el campo cada vez menos fértil, los ríos con menos agua, animales y aves en extinción, bosques depredados, arrecifes y playas contaminadas y sin vida.
Tradicionalmente, en nuestro país ha existido uno o dos concomitantemente de estos emporios explotadores de los recursos naturales, en el pasado, la Falconbridge en Bonao y la Rosario Mining Company que produjo daños irreparables al río Margajita y su entorno, en Maimón (Monseñor Nouel). En este momento tenemos otro de esos depredadores de nuestras riquezas y contaminador ambiental, la Barrick Gold de capital canadiense, instalada en Cotuí, R.D.
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